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¿Qué pagaríamos si pagáramos 5 € al mes por Spotify?

Sábado, 16/Abr/2011 19 comentarios

Spotify, desde el 1 de mayo de 2011, se habrá convertido en un programa completamente inútil para quien no actualice su cuenta gratuita a alguna de las dos modalidades de pago (Premium o Ultimate) existentes. (Todo ello explicado en el infame anuncio de mediados de abril de 2011, aquí).

Lógicamente, dos grupos claros (y previsibles) de gente han aparecido llenando los blogs de los países donde Spotify opera(ba):

1.- Los que dicen: “Adios Spotify, hasta aquí hemos llegado”.
2.- Los que dicen: “Pagar 5/10 € al mes es baratísimo, no me creo que haya gente tan llorona por el mundo”.

Yo soy un ferviente defensor de la primera opción. Y no por el típico lloriqueo de “todo lo queremos gratis”, (que es una de las banderas que mucho descerebrado está aprovechando para enarbolar). Nadie está hablando de “los músicos no merecen ser pagados”. Al contrarísimo

En cualquier caso, la versión gratuita de Spotify, “no es tan gratis como ellos quisieran”, aunque lo parezca, ya que se nos obliga a escuchar anuncios que más o menos a regañadientes uno ya se ha acostumbrado a ignorar (o no, Melendi sé donde vives! 😀 ).
Es más, son anuncios que están más o menos geolocalizados, es decir, son anuncios con punto de mira, dirigidos a targets objetivos y acotados, etc… Anuncios “de calidad” por así decirlo.

Algún listillo dirá: “Pero bueno, el ancho de banda que le supone al señor Spotify ir sirviendo canciones por un tubo día tras día, ¿eso quién lo paga? El señor Spotify debe estar ahogado bajo una montaña de facturas de su proveedor de internet, ¿no?”. Pues no, porque el protocolo de comunicaciones del programa Spotify (que es una auténtica maravilla, todo hay que decirlo, that is, el protocolo. Y también el programa, va), está basado en tecnologías P2P. Sí, como el sempiterno, confiable y robustísimo emule, como el demasiado mainstream bittorrent, como ver los partidos de la liga por ‘los chinos’, etc…

Los datos que componen las canciones que yo escucho y que son bajados desde otros usuarios de Spotify que escucharon esas canciones antes que yo, en cuanto los oigo, el programa los reprocesa y los reentrega a la nube Spotify otra vez, para que más usuarios quieran escuchar esas canciones después de mí, lo puedan hacer.
Es decir, el protocolo Spotify está usando el ancho de banda de los usuarios, por tanto somos nosotros, los usuarios, quienes estamos pagando este ancho de banda al señor Spotify de manera altruista sin recibir nada a cambio. Bueno, sí, recibimos canciones, pero éste era el trato no?

Resumen: Yo ya pago a mi proveedor de internet (Teléfonicas/Jazzteles/Oranges/Ono’s/Yacoms/nosentendemos… no?), señor Spotify, no sea tan gorrón, va.

Se puede deducir entonces que el ancho de banda (lo que la gente populachera llama “los megas”) que usa el programa Spotify se compone en un 95% (por decir algo, es para entenderse) por tráfico que generan los usuarios al escuchar las canciones y al usar el programa. Efectivamente, sí, el señor Spotify, sirve la primera versión de la canción a la red desde sus propios servidores que él paga, pero una vez ha sido entregada esa primera versión, la que él alojaba, raramente ésta volverá a ser usada para servirla a otro usuario de nuevo. Este usuario la obtendrá de algún otro que la haya escuchado antes.

De esta manera el gasto en entregar canciones a la red desde los servidores del señor Spotify es marginal. No sería marginal si el señor Spotify tuviera que entregar todas la canciones directamente a cada usuario una por una, (que el señor Spotify no es tonto), pero eso no es lo que está pasando.

Otra cosa genial que pasa con el programa Spotify, es que en el disco duro local de cada usuario que lo usa, quedan almacenadas copias (cifradas y “poco usables”, tranquilos) de las canciones que se van escuchando. Esto tiene el interesante efecto de que, si nos ponemos a escuchar una canción por 10 veces seguidas (por ejemplo con la típica opción Repeat1 o similares), la primera vez, la canción bajará de “la nube Spotify” (recordemos, conformada al 99% por otros usuarios, casi nunca por los servidores centrales de Spotify). Pero qué pasará la 2ª, 3ª, y siguientes veces que oigamos esa canción? Pues que se reproducirá la copia local cifrada que habrá quedado en la caché local del programa, alojada en nuestro disco duro, con lo que el gasto de red para el señor Spotify (y de paso también para nosotros), tiende a 0.

En este punto, los partidarios del “pagar 5/10 € no es tanto”, todavía podrían decir: “Pues mira chaval, motivo de más, mis euros se van directamente a los autores(je)/discográficas/SGAE’s de turno, en vez de al señor Telefónica, ¿no es lo deseable?”. Y yo diría, “bueno sí, si yo fuera un megamelómano que escucha milones de canciones, discos, autores, etc… no te digo yo que no”. Pero resulta que no es así; en mi caso, y en el de la mayoría de gente que conozco. Simplemente “queremos escuchar un grupillo de canciones de vez en cuando para matar el rato mientras trabajamos”.

De todo esto yo deduzco lo siguiente además: Resulta que si cada uno estudia los hábitos particulares de uso de cada uno en Spotify, cuando se van añadiendo canciones y se crean listas y demás, siempre hay una cierta “efervescencia” en los primeros meses de uso del programa. Esta efervescencia se traduce en “añadir canciones a saco”, “crear listas como locos”, “crear carpetas”, y en general, “aterrizar en el programa”.
Pero en cuanto pasan 5-6 meses (o el tiempo que sea), las canciones que uno acaba escuchando acaban siendo un conjunto más o menos cerrado que no crece. Vale, sí, uno siempre puede añadir alguna canción nueva muy de vez en cuando a las listas, pero ya no es la locura de los primeros momentos. Yo al menos no tengo el tiempo para currármelo tanto.

Con esta explicación dónde quiero ir a parar? Pues a que “una vez yo pago mis 5/10€ al mes“, si no voy añadiendo muchas canciones nuevas a mi repertorio de listas y carpetas (en mi caso, insisto, noto que es lo que me pasa), estaría pagando por escuchar canciones que ya están localmente alojadas en mi disco duro, ya que al ser mis canciones favoritas, por el hecho de escucharlas con frecuencia, se quedan en la caché local en vez de bajar de internet.
Y aquí es donde me chirría todo, es decir, mis 5/10 € exactamente ¿”qué están pagando”? “Mi canción favorita ya se bajó hace meses, el autor ya cobró de mis 5 € (je), y aún así sigo escuchando esa canción porque me gusta mucho, el resto de sus canciones son un truño, pero esa en particular me gusta mucho… Sólo por eso, ¿tengo que seguir pagando al autor 5/10 € cada mes?

Y bueno, ¿qué pasaría si el señor Spotify decide dar otra vuelta de tuerca con las cuentas de sus usuarios? Ya no a nivel de precio, sino a nivel de que, de repente, te das cuenta de que la estructura de listas/carpetas que te has currado tras años, aunque parezca que esté alojada en tu máquina, realmente es una abstracción que vive en la nube del señor Spotify. Como tal, quién te dice que no se sacan de la manga en el futuro, por el motivo que sea, algo así como: “Nuevo tipo de cuenta: si quieres opción de gestionar carpetas, adquiere ya Spotify megamulti! por 15 euros”.

Que no, que de repente, uno le ve las orejas al lobo, y “conmigo que no cuenten” para sus experimentos con gaseosa. Suerte en su cercana e incipiente singladura por EEUU señor Spotify, pero esta vez “no tiene razón”.
Alabo el EXCELENTÍSIMO sistema de listas/carpetas/demás (porque es de auténticos maestros no puedo concebir nada más genial).
Me quejo de la cutrada que es que “no estén ciertos grupos” de manera incomprensible.
Pero a día de hoy, GrooveShark (es lo más parecido a Spotify que conozco, otras sugerencias serán bienvenidas), es donde he abierto una nueva cuenta y donde estoy creando mis nuevas listas poco a poco. Vale que GrooveShark es vía web, vale que no tiene carpetas y la usabilidad “no es tan fresca como la de Spotify”. Vale que cada vez que bajas una canción, aunque la hayas oído antes, vuelve a bajar de nuevo desde internet, entera. (El señor GrooveShark la verdad no sé de dónde saca para pagar tanto ancho de banda).

Pero aun así, Spotify Free/Open va a mutar en algo completamente inútil (para mí y para la mayoría). Y si decidiera cambiar mi cuenta por alguna de las versiones de pago, en mi caso, me hace preguntarme qué estoy pagando exactamente, ya que siempre acabo escuchando “las mismas canciones”, “mis favoritas”, una y otra vez.
Yo no soy un musicófago, ni un melómano, ni nadie con pretensiones de “descubridor de grupos y talentos”.
Soy tan normal como tú.

Tristemente, bye bye, Spotify.

 

Diciembre de 2013 EDIT:  Señor Spotify… ejem: Viene usted a las mías 🙂

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